viernes, 5 de septiembre de 2008

Las fascias perirrenales y el arte modeno, o la sorprendente relación entre Alma, Pintura, Escultura, Arquitectura, Música, Poesía y Psicoanálisis.

Como es bien sabido por cualquier radiólogo que se haya enfrentado al estudio escanográfico del retroperitoneo, cada espacio perirrenal está delimitado por dos fascias, una anterior y una posterior. Curiosamente, ambas fascias han sido nombradas de dos maneras: fascia de Gerota y fascia de Zuckerkandl. Las dos fascias delimitan tres espacios: el perirrenal, el pararrenal anterior y el pararrenal posterior. A cada lado, las fascias se unen para formar la fascia lateroconal. La revisión de la historia de la anatomía retroperitoneal nos revela que en esta región anatómica se produce, además de la confluencia de las fascias que la rodean, una verdadera conjunción de personajes del mundo médico y artístico.
Dimitrie Gerota fue el primer radiólogo de Rumania. Se desempeñó como profesor de anatomía topográfica y cirugía experimental en Bucarest. En 1895, Gerota documentó la presencia de una fascia perirrenal anterior, y reconoció la decripción previa de la fascia preirrenal posterior por Zuckerkandl. Gerota fue además profesor de la Academia de Arte de Bucarest. Uno de sus más conocidos alumnos fue Constantin Brâncusi, con quien talló en madera el estudio anatómico de los músculos, apropiadamente denominado «Ecorché», nombre francés para «Desollado».
Constantin Brâncusi es considerado uno de los padres del arte moderno. Entre 1898 y 1902, estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes de Bucarest, bajo la tutela de Dimitrie Gerota. En 1907, ingresó como practicante al estudio de Auguste Rodin. Abandonó el estudio del maestro escultor, al considerar que Rodin era «como un árbol en cuya sombra no crece el césped» Del seudoimpresionismo pasó a la tendencia cubista, con preferencia por valores arcaicos, como los manifestados en el arte de las tribus negras y maoríes. De Brancusi se reconoce su influencia sobre la escultura moderna. Una de sus obras escultóricas más importantes es un tríptico conformado por «La Mesa del Silencio» (Masa tacerii), «La Puerta del Beso» (Poarta sãrutului) y «La Columna Sin Fin» (Coloana fãrã sfârsit), obra considerada como reveladora de la herencia del arte folclórico rumano. Esta obra hace parte del Monumento de Târgu Jiu en honor a los héroes de la primera Guerra Mundial, instalado en un jardín público donde Brâncusi incorpora los cuatro elementos cósmicos (Agua, Tierra, Fuego y Aire) al incluir sus esculturas en el Paseo de los Héroes, que se extiende desde el río Jiu y termina en una columna que apunta al cielo, como símbolo de la elevación de las almas de los héroes, cuyo sacrificio final fue la defensa de Rumania.
El artista austríaco Emil Jakob Schindler fue considerado como un pintor del impresionismo. Al parecer, su único interés, incluso por encima de sus responsabilidades hacia su famila, fue su obra, donde se manifestaban los efectos de la luz del sol, las sombras, la neblina y la luz de la luna. Su hija Alma tenía sólo 13 años cuando él falleció. Según Sigmund Freud, la pérdida de la figura paterna la llevó a tener relaciones amorosas en las que, de manera casi incestuosa, buscaba un remplazo para su padre.
La madre de Alma fue Anna von Bergen, una cantante de operetas. Al morir Schindler, Anna se casó con Carl Moll, también pintor y alumno de Schindler, quien había sido su amante por muchos años.
Moris Szeps era el director del periódico vienés Neues Wiener Tagblatt y muy cercano consejero de Rodolfo, el príncipe de la corona. Hacia el final del imperio Austro-Húngaro, su hija Berta era una reconocida personalidad de la sociedad vienesa. Berta Szeps era escritora de columnas periodísticas y novelas, y tenía una profunda admiración por el arte moderno. Se casó con el famoso anatomista de la Escuela de Viena, Emil Zuckerkandl.
Zuckerkandl había sido alumno y asistente de Joseph Hyrtl. En 1883, Zuckerkandl describió la fascia perirrenal posterior, pero no reconoció la presencia de una fascia similar por delante de los riñones. Además de su descripción de la fascia perirrenal posterior, algunas de sus contribuciones a la anatomía humana incluyeron órganos y sistemas tan disímiles como el cerebro, los dientes, el oído, los vasos sanguíneos, la nariz y la cara.
En su casa, eran frecuentes las reuniones sociales con los más importantes representantes de las artes. A casa de Berta Szeps-Zuckerkandl también asistía su mejor amiga, la joven Alma Schindler, reconocida no sólo por ser una gran compositora, sino por su belleza física.
Entre los contertulios de Berta se encontraban Auguste Rodin, Gustav Klimt y Gustav Mahler, entre otros. Fue precisamente en casa de Emil Zuckerkandl donde Mahler, el compositor y Director de la Real Ópera, conoció a Alma, casi veinte años menor que él. Aunque Alma había tenido dos amores previos en el mundo artístico, el pintor Gustav Klimt y el compositor Alexander Zemlinski, para Mahler su encuentro fue un caso de amor a primera vista, que pocos meses después terminó en matrimonio. Alma se convirtió en la fuente de inspiración de Mahler.
Sin embargo, la personalidad dominante de Mahler significó para Alma que ella dejara de componer. Alma aceptó la prohibición impuesta por su esposo, y se convirtió en una sumisa madre y ama de casa, lo cual a su vez significó que dejara de frecuentar las agradables veladas organizadas por su amiga Berta. Alma dio a luz a Maria Anna, quien falleció a los 5 años, víctima de la fiebre escarlata y de la difteria. Su segunda hija fue Anna, quien logró llegar a ser una reconocida escultora.
Durante unas vacaciones en Tobelbad, Alma conoció al arquitecto Walter Gropius, con quien tuvo un tórrido romance. Mahler se enteró del romance de su esposa a través de una apasionada carta de amor que Gropius le escribió a Alma, pero que dirigió por error a ¡Gustav Mahler! Cuestionándose su propia virilidad, Mahler se sumió en una profunda depresión, tratada nada menos que por Sigmund Freud. En una consulta que no duró más de cuatro horas, para Freud fue muy clara la situación, según se reveló en su correspondencia con su alumna María Bonaparte: Alma amó a su padre y buscó en Mahler una figura paterna, y Mahler amaba a su madre y buscó en Alma una figura materna. Alma no pudo ocultar su disgusto cuando recibió la cuenta por el tratamiento de Freud a su marido, pues el renombrado psiquiatra no tuvo ningún reparo en enviar dicha cuenta cuando Mahler ya había muerto.
Gustav Mahler sufrió de epidosios repetidos de amigdalitis, relacionados con su fiebre reumática. Su médico personal, el Dr. Fränkel, de Viena, fue quien hizo el diagnóstico de la endocarditis bacteriana que finalmente le causó la muerte. Fränkel tuvo la iniciativa de consultar el caso de su paciente con quien fuera reconocido como el experto mundial en endocarditis bacteriana, el Dr. Emanuel Libman. Un cultivo de sangre confirmó la presencia de estreptococos atenuados, que hoy siguen siendo característicos de esa enfermedad. Hay algunos testimonios que sugieren que Mahler sufría de movimientos anormales, con alteraciones en la marcha. Su especial atención a los detalles de la puesta en escena de las obras que dirigió ha sido, para algunos, evidencia de un trastorno obsesivo-compulsivo. Esta combinación de síntomas, asociada a su valvulopatía mitral reumática ha sugerido el diagnóstico de Corea de Sydenham. Mahler falleció en la noche del 18 de mayo de 1911, dejando inconclusa su décima sinfonía. Con su muerte, terminó la era de los grandes maestros vieneses de la sinfonía, que se había iniciado un par de siglos atrás. Faltaban aún 17 años para que Alexander Fleming presentara su descubrimiento, la penicilina, con la cual se habría podido controlar la enfermedad de Mahler. Como dato curioso, luego de la muerte de su paciente, el Dr. Fränkel le propuso matrimonio a Alma. La viuda rechazó tajantemente la oferta.
Ya en estado de viudez, Alma conoció al pintor Oskar Kokoschka, con quien tuvo una tormentosa relación. Kokoschka se volvió obsesivo con Alma, quien sería su modelo para sus pinturas. Alma quedó embarazada de Oskar, pero tuvo un aborto del cual Kokoschka nunco pudo recuperarse. Kokoschka fue enviado a combatir en el frente ruso, y en 1915 recibió una herida de bayoneta, que no fue tan grave para él como la noticia de que su amada se había reconciliado y casado con su previo amante, Walter Gropius. En su obsesiva desesperación, encargó a un fabricante de muñecas en Múnich una réplica de Alma, famosa por tratarse de una muñeca de tamaño natural, la cual terminó decapitada cuando Kokoschka quiso acabar de una vez por todas con Alma, a quien al final consideró como la maldición de su vida.
Alma y Walter tuvieron una hija, Manon Gropius, quien heredó la legendaria belleza de su madre. Tristemente, Manon sufrió de parálisis infantil; luego de un año de sufrimiento, cuando apenas tenía 18 años, falleció. El compositor Alban Berg dedicó su concierto para violín a la memoria de Manon, a quien quiso como a una hija. Siendo parte de la élite cultural vienesa, entre sus amigos se encontraban Gustav Klimt, Alexander Zemlinsky y Alma Gropius. La vivacidad de la niña se expresa en el primer movimiento del concierto. El segundo movimiento tiene una sección disonante, con la que Berg trata de describir la enfermedad de su querida Manon. Al estilo de la novena sinfonía de Beethoven, Berg incorpora una sección coral basada en el Es ist genung! (¡Es suficiente!) de Johann Sebastian Bach, como recuerdo de la muerte de Manon. Luego de unas variaciones alrededor de la melodía coral, en las que involucra aspectos folclóricos, el concierto termina con un solo de violín que llega hasta su más alto registro, evocando de manera simbólica el ascenso de la niña al cielo. Alban Berg nunca pudo oír la interpreación de su concierto, pues cuando estaba elaborando su composición se enfermó gravemente, hasta el punto de que tuvo que terminarlo desde su lecho, en medio del dolor y la fiebre producido por un absceso paraespinal de origen incierto, pero atribuído al «envenenamiento» por la picadura de un insecto. El concierto para violín de Alban Berg se convirtió en su última obra, casi su propio réquiem. Fue precisamente Anna Mahler, la hija de Alma, quien tomó la máscara mortuoria de Alban Berg.
Cuando Manon tenía un año de edad, Alma conoció al poeta Franz Werfel, de quien resultó embarazada. Su hijo, Martin Carl Johannes, nació prematuro y sufrió de progeria, enfermedad que acabó con su vida a los diez meses de edad.
En sus últimos años de vida, la popularidad de Alma decreció. Sus detractores se encargaron de hacer especial énfasis en divulgar su alcoholismo y sus ideas antisemitas.
Alma murió en su apartamento en Nueva York, a los 85 años de edad.

Lecturas Recomendadas
Cardoso F, Lees AJ: Did Gustav Mahler have Sydenham’s corea? Mov Disord 2006; 21(3): 289 – 292.
Chesbrough RM, Burkhard TK, Martinez, AJ, Burks DD: Gerota versus Zuckerkandl: the renal fascia revisited. Radiology 1989; 173: 845-846.
Kramer J: Invitación a la Música. Javier Vergara Editor S.A. Buenos Aires, 1993.
Levy, D: Gustav Mahler and Emanuel Libman: bacterial endocarditis 1911. BMJ 1986; 293:1628-1631.
Montero R: Historias de Mujeres. Santillana Ediciones Generales, S.L. Suma de Letras S.L. Madrid, 2003.
www.alma-mahler.at/index.html. Consulta febrero 1, 2007.
www.ici.ro/romania/en/cultura/p_brancusi.html. Consulta enero 31, 2007.
www.whonamedit.com. Consulta enero 29, 2007.


Nota histórica publicada en Rev Colomb Radiolog 2007; 18(2): 2153-2155

Mensaje para gente guapa



Este es un mensaje para la gente guapa: los feos somos muchos más. Procuren no hacernos enfadar.
(Calle bogotana).

sábado, 9 de agosto de 2008

Mimetismo experimental

Se coloca un camaleón en una caja cuyas seis paredes internas están formadas por espejos. Al principio, el reptil no sabrá qué hacer al encontrarse sin otro patrón que sí mismo para imitar. Se han descrito cuatro tipos de respuesta ante el reto de enfrentar al espejo a quien se mantiene ocultándose:

1) Camaleón Evasivo
Opta por convertirse en tortuga. Al abrir la caja se le encontrará retraído dentro de su caparazón y sin intenciones de asomarse. Confirma la teoría de la transmutación de las especies.

2) Camaleón Invisible
Para pasar desapercibido se hace transparente. Al abrir la caja, ésta parecerá vacía. Algunos de los más hábiles lograrán parecer parte del reflejo de la cara del investigador sorprendido, fenómeno que no deja de ser interesante.

3) Camaleón Indiferente
Se niega a resolver el misterio de verse rodeado de reflejos infinitos. Cierra los ojos y espera pacientemente a que la caja sea abierta y a ser expuesto a un ambiente más fácil de imitar. Se le encontrará dormido.

4) Camaleón Evasivo Tipo II
Es aquel que no sólo cierra los ojos, sino que además aguanta la respiración. Convencido de estarlo logrando, el animal cree ver cómo progresivamente su reflejo desaparece, sin darse cuenta que en el intento se consume lentamente junto con él. Se le encontrará tieso pero con cara de satisfacción. Se le conoce también como el camaleón suicida.



Texto publicado en la sección "El Lápiz de Esculapio", Panace@, pág. 66, vol IX No. 27, 2008.

Panace@ (http://www.medtrad.org/panacea.html) es el Boletín de Medicina y Traducción, revista surgida a partir de la lista de debate Medtrad (Foro de traductores profesionales de biomedicina) y es la publicación oficial de la Asociación Internacional de Traductores y Redactores de Medicina y Ciencias Afines, Tremédica.


Camaleón de Madagascar. Biodome, Montreal, Canadá

martes, 24 de junio de 2008

Los Medios




Mario Bonilla© 2000.


...la aterradora vigencia de la historia...

Sal

Anoche soñé
que sentado en tus mejillas
contemplaba el azul
de tus ojos de cielo

y mientras buscaba nubes
para inventar siluetas
brotó un manantial
de tristeza líquida
que me arrastró furibundo
hasta tus labios.

Entonces creíste
que a tu vida
le doy sabor a lágrima.




©Mario Bonilla, 1992.

viernes, 9 de mayo de 2008

El quinto rinoceronte. La insólita aparición de un extraño mamífero en el mundo del arte y la anatomía.

En 1515, llegó a Lisboa el que fuera considerado como el primer ejemplar vivo de un rinoceronte en visitar el continente europeo. Este magnífico animal indio se llamaba Ganda, nombre impuesto en el idioma gujerati, derivado del sánscrito. Aunque es probable que algunos rinocerontes africanos hubieran sido exhibidos por los romanos en la capital de su imperio, Ganda sigue ostentando el título del ser el primero, quizá por la fama alcanzada luego de que fuera representado gráficamente por el artista alemán Durero. A pesar de sus obvias imprecisiones, el grabado ha sido considerado como la más influyente imagen de un animal en la historia del arte.


El primer rinoceronte, según grabado de Alberto Durero, quien lo dibujó sin haberlo visto. Imagen de dominio público.

Como dato curioso, el dibujo se basó en descripciones, pues Durero nunca conoció a Ganda. Desde Portugal, el rey Manuel I, en busca del fortalecimiento de sus relaciones comerciales, lo envió como un obsequio a Italia, pero el regalo nunca llegó a su destinatario, el Papa León X, pues el barco que transportaba al exótico ejemplar naufragó cerca a Porto Venere, en la costa de la región Liguria italiana, en 1516.
El rinoceronte de la India (Rhinoceros unicornis) es un fascinante mamífero unicorne cuyas patas característicamente tienen un número impar de dedos. Aunque la zoología científica nació hacia 1500, el estado de la ciencia en ese entonces no había sido capaz de desechar las leyendas de animales con poderes magníficos, cuya principal característica era la de poseer un cuerno entorchado, con propiedades medicinales. La solidez de la imagen popular del unicornio se basa en su cuerno único. Plinio lo describió con cuerpo de caballo, cabeza de ciervo, pies de elefante y cola de jabalí. En el imaginario medieval, el unicornio se asemejó con caballos, carneros, leopardos, zorros y liebres. Por su fuerza extraordinaria, para cazar al unicornio había que recurrir a una treta casi mágica: era necesario exponerlo ante una mujer virgen para que el animal saltara instintivamente a su regazo. Si la mujer no era pura, el unicornio la mataría con su cuerno. Por su cuerno de la salvación, la imagen del unicornio se ha asimilado a la de Cristo.
Hacia 1555, la descripción del narval por los exploradores del círculo ártico sirvió para fortalecer esta leyenda, probablemente basada en descripciones noveladas del rinoceronte indio, y reforzada por la creciente disponibilidad de cuernos entorchados que podían usarse como un cáliz, capaz de neutralizar cualquer veneno que se sirviera en dicha copa. Sólo hasta 1638 fue aclarada la leyenda del unicornio, por el médico y naturalista danés Ole Worm, a quien debemos la descripción de los huesos wormianos del cráneo, y quien fuera mencionado en una nota histórica previa por su relación indirecta con el descubrimiento del conducto de Wirsung en el páncreas.
El cuerno del narval (Monodon monoceros) corresponde realmente a su incisivo central izquierdo. A diferencia del mamífero cetáceo, el cuerno del rinoceronte carece de un núcleo óseo, y está compuesto por fibras de queratina, similares a una aglomeración de pelos. Las leyendas acerca del cuerno del rinoceronte incluyen sus propiedades medicinales y afrodisíacas, lo cual hizo que dichos cuernos fueran muy codiciados. Muchos rinocerontes han sido mutilados en busca de estas propiedades de sus cuernos. De los rinocerontes también se ha dicho que tienen una capacidad innata para detectar el fuego, y que poseen la inclinación instintiva de pisotear cualquier hoguera para apagarla. Aunque no parece existir evidencia científica de esta inclinación de bombero, esta leyenda ha trascendido hasta la cultura popular.
En Malayo, el rinoceronte es llamado badak. Quizá por adaptación fonética, el nombre del segundo ejemplar de este fascinante mamífero cornudo que visitó Europa, fue una hembra conocida como Abada, o Bada, y perteneció al rey Felipe II, de la corte española.
El rinoceronte que hoy nos ocupa es el quinto ejemplar en llegar a Europa. Se trataba de una hembra, llamada Clara. En 1738, cuando apenas tenía un mes, los padres de Clara fueron asesinados por cazadores en su natal India.



Rinoceronte indio en cautiverio. Zoológico de Filadelfia. Foto ©AJ Morillo, 1993.


La rinoceronte fue adoptada por el director de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales (Vereenigde Oostindische Compagnie), el comerciante Jan Albert Sichterman. Clara, la rinoceronte, era un dócil ejemplar a quien se le permitía vagar libremente por la casa. En 1740, Clara pasó a manos de su nuevo dueño, Douwemout van der Meer, capitán del navío Knapenhof, en el cual Clara llegó al continente europeo. Desembarcó en Rotterdam el 22 de Julio de 1741, donde fue exhibida públicamente. En 1742 hizo su entrada al mundo de la anatomía, cuando fue dibujada por Jan Wandelaar, el ilustrador del anatomista Bernhard Albinus, como fondo de acompañamiento para un modelo detallado de la anatomía de los músculos profundos del cuerpo humano. En la siguiente placa de esa serie, que corresponde a una vista posterior de los mismos músculos, Clara es dibujada desde su cuarto trasero. Aunque se trataba de un dibujo científico, Clara ingresó, a través de la anatomía, al mundo del arte. Pero los viajes de Clara apenas comenzaban. En 1743, van der Meer la llevó a Bruselas, y un año más tarde la exhibió en Hamburgo. La primavera de 1746 la pasó en Hanover, de allí viajó a Berlín, donde fue visitada por Federico II de Prusia. A finales de ese año recibiría otra ilustre visita en Viena, de parte del emperador Francisco I y la emperatriz María Teresa. En 1747, hizo una nueva gira por el sur de Alemania; en Dresde hizo una nueva escala artística, pues allí posó para Johann Kaendler, de la fábrica de porcelanas Meissen. Augusto II, Rey de Polonia, la visitó en abril de ese año. Al llegar a Leipzig, Clara fue invitada por Federico II al naranjal del castillo de Kassel. En 1748 hizo una parada en Wurzburgo, ciudad donde fueron descubiertos los rayos X. En 1749 Luis XV la recibió en el palacio de Versalles. Su estadía en París causó gran sensación: poetas y cantores la evocaron en sus obras. Un navío francés fue bautizado Rhinocéros en su honor. En un nuevo viaje al mundo del arte pictórico, Jean Baptiste Oudry la dibujó al óleo, en tamaño natural. Del arte volvió a la ciencia, pues un dibujo suyo, basado en la pintura de Oudry, hizo parte de las láminas de la enciclopedia de Diderot y de la Historia Natural de Buffon. En 1956, Salvador Dalí creó una escultura llamada Rinoceronte vestido con puntillas. La combinación de los principios de la filosofía existencial con elementos dramáticos, da origen al Teatro del Absurdo, el cual presenta un mundo que no puede explicarse de manera lógica. Uno de los primeros ejemplos de esta modalidad teatral es El Rinoceronte, del rumano Eugene Ionesco, quien en 1958 crea un personaje central que encuentra que todas las personas de su pueblo se transforman paulatinamente en rinocerontes.
A diferencia del destino de Ganda, el viaje de Clara a Italia no terminó en naufragio. Clara visitó Nápoles y Roma, donde perdió su cuerno. Clara fue la estrella del carnaval de Venecia de 1751, y allí fue retratada por Pietro Longhi. A finales de 1751, sería visitada en Londres por la familia real británica.
Clara, la rinoceronte, murió el 14 de abril de 1758 en Londres.



El cuarto orden de los músculos. Vista frontal. Sin un mensaje diferente a la maravilla de la naturaleza y su creación divina, la rareza de la bestia se vuelve ornamental en sí misma. El rinoceronte ingresa al mundo de la anatomía a través del arte de Jan Wandelaar, ilustrador del anatomista Bernhard Albinus. Reproducida, con autorización, de: Hale RB, Coyle, T. Albinus on anatomy. Dover Publications Inc. NY, 1979.


Lecturas recomendadas
Hale RB, Coyle, T. Albinus on anatomy. With 80 original Albinus plates. Dover Publications Inc. NY, 1979.
Izzi, M. Diccionario ilustrado de los monstruos. Angeles, diablos, ogros, dragones, sirenas y otras criaturas del imaginario. Alejandria. Jose J de Olañeta (Ed.) Palma de Mallorca, 1996.
Ridley, G: Clara's Grand Tour: Travels with a Rhinoceros in Eighteenth-Century Europe, Atlantic Monthly Press, New York, 2005.
Rifkin BA, Ackerman MJ, Folkenberg, J: Human Anatomy (From the Renaissance to the Digital Age). Harry N Abrams, Inc., New York, 2006.


Nota Histórica aceptada para su publicación en la Revista Colombiana de Radiología, vol 18, No. 1.

martes, 6 de mayo de 2008

Soledad

eres grande
pero cabes en mí
eres luz y penumbra
eres cálida y fría
y sin embargo
me gusta tu abrigo
tu compañía
tu forma de jugar conmigo

eres espejo
reflejo
y caleidoscopio a la vez
me transportas
como a uno de tus cristales
y me das
tus sueños sin final
para terminarlos
mientras me duermo

eres fiel
cruel
y sin embargo
eres mi amiga,

Soledad.


©Mario Bonilla

domingo, 4 de mayo de 2008

Mario Bonilla visto por Aníbal J. Morillo, MD.

Nació en una ciudad con obelisco, algunos minutos antes de la sexta hora del día dieciocho de septiembre de 1960. Por haber vivido muy poco tiempo en su ciudad natal, él mismo se considera natural de Bogotá, Colombia, ciudad en la que ha permanecido la mayor parte de su vida.
Desde temprana edad tuvo dificultades para comunicarse con sus semejantes, hasta el punto de que su propia familia podía no tener indicios acerca de sus sentimientos hacia ellos, a pesar de considerarse él mismo como un acérrimo admirador de sus ancestros, una madre exageradamente adueñada de su papel como tal, y un padre médico, científico, y, en una palabra, genial.
Comenzó escribiendo para sí mismo, luego escribió para que lo quisieran más, pasó por momentos de inspiración en aras de la crítica, y finalmente reconoce que escribe por muchos motivos, mejor descritos por María Antonia Oliver:

“Los escritores dicen que escriben para que la gente les quiera más,
para la posteridad, para despejar los demonios personales, para
criticar el mundo que no gusta, para huir de sus neurosis, etc., etc.
Yo escribo por todas estas razones y porque escribiendo puedo ser yo misma.”

En muchos momentos de su vida prefirió la soledad, a la que varias veces consideró como su amiga, y a la que llamó alguna vez su «estado natural», pues dicho estado es común a todos los seres humanos que no hayan sido producto de un embarazo múltiple.
Hay quienes afirman que uno de los factores que pudo haber favorecido el desarrollo de su imaginación es precisamente la gran cantidad de momentos compartidos consigo mismo (nosce te ipsum), en los que descubrió su interés por toda clase de estímulos visuales.
Inventaba juegos en los que la luz, los reflejos y las sombras eran los protagonistas (1). Para algunos, no es coincidencia su afición por el cine y la fotografía, ni mucho menos su decisión de convertirse en un especialista médico en imágenes diagnósticas.
En su visión del mundo, siempre debería existir una explicación para cada evento, aunque ésta sea actualmente desconocida, o simplemente debida al azar. No hay cabida para lo que él llama «seres extraordinarios con poderes sobrenaturales», comúnmente conocidos como dioses. Su agnostiscismo se pudo haber incrementado cuando comenzó a leer a Kurt Vonnegut Jr., quien se convirtiera en su autor favorito en el idioma inglés.
Superada –por lo menos parcialmente– su exagerada timidez juvenil, pronto descubrió que las letras y el humor eran un canal de comunicación aceptable. Comenzó a escribir sus primeras frases con autopercibida coherencia literaria a la edad de quince años, en forma de cuentos y ensayos que publicaba ocasionalmente en «Sobre el Tapete», el periódico escolar de cuyo primer Comité Redactor fue miembro. Esos textos constituyen verdaderas «piezas de colección», cuyos originales parecen haberse extraviado para siempre.
En aquella época prefería divulgar sus escritos utilizando diversos seudónimos, ya sea mediante anagramas basados en las letras de sus nombres y apellidos, o aquel ridículo nombre de «B. Yutreg Kinopl», nacido aleatoriamente entre las teclas de una vieja máquina de escribir de su padre. Muchos años después, retomaría su inclinación hacia el periodismo informal, al participar en «El Tiempo de Relajación», un proyecto de periódico que distribuía en su trabajo, y en el que hacía las veces de autor, diagramador, redactor y editor.
Aunque ha dicho que preferiría escribir en prosa, a Mario Bonilla se le conoce más por el uso de frases cortas, de longitud variada, rima sospechosa y métrica dudosa, estilo éste que se constituyó en su forma de expresión predominante y que llegó a ser considerado por autocríticos de su obra inédita como «poesía» (2).
Sus principales escritos – casi todos inéditos hasta ahora- han sido recopilados y distribuidos informalmente bajo títulos como «Anotaciones Vitales», «Proyecto Número Uno y Otros Versos en Proyecto» y varias versiones de «Busco Una Palabra».
El surgimiento de las bitácoras virtuales o «blogs» y la ocasional oportunidad que ofrecen las revistas científicas para la publicación de artículos de temas esotéricos, históricos o de «índole cultural», ha permitido una tímida incursión de Bonilla en espacios de divulgación cada vez mayor (por lo menos, más «abierta»). Sin embargo, sus proyectos seudoliterarios siguen siendo, quizá merecidamente, poco conocidos. Sus anotaciones están basadas en hechos reales o ficticios, están inspirados en una o varias personas y han sido logradas por una combinación de ingenio, palabras y suerte. Para Bonilla, hay personas o situaciones que tienen «potencial literario», a la vez que hay otras con «potencial cinematográfico». Las primeras pueden terminar mencionadas –o no- en sus escritos, las segundas podrían convertirse en imágenes o -¿quién sabe?-, en guiones para una película.
En Mario Bonilla es fácil identificar varios estilos, frecuentemente inspirados en técnicas previamente divulgadas por reconocidos escritores (estilo que algunos han dado en llamar plagio). Para aproximarse a Bonilla, es preciso tener en cuenta que el autor ha eliminado el orden cronológico de varios de sus escritos, con la intención de aislarlos de sus momentos de crisis vitales. En muchos casos, se ha perdido por completo la pista del año o la época en que escribe. Por ello, la mejor manera de comprenderlo, si éste fuera uno de los objetivos del lector, puede ser el dejar al azar el orden en que se lee a Mario Bonilla.
Mario Bonilla es el seudónimo anagramático de Aníbal Morillo: médico, radiólogo, verbófilo, soñador.
Sus recopiladores han encontrado textos relevantes escritos por él desde 1976.
Además de sus dos páginas virtuales, una negra y una blanca, se rumora que tiene «en el horno» la idea de completar el espectro con una página gris...

Referencias imaginarias o irrelevantes
1. Alejo Molleros Binatarazi: Mario Bonilla: Aproximación hacia un Voyeurismo Pragmático. Editorial Visión. 1978.
2. B Yutreg Kinopl: Mario Bonilla: Una nueva forma de poesía. Revista Ensaos y Errores, 1977.
3. http://ajmorillo.blogspot.com/
4. http://www.palviento.blogspot.com/

LAS BRASAS DE TU RASTRO

Epígrafe postscripto:

En tu mano comí la sal de tu silencio
como una dócil bestia dispuesta al sacrificio.
Mi sed durará siglos.
Piedad Bonnett


En la intangible inmensidad de la tristeza
la soledad se mide con palabras.
Para poder cantarle a la tristeza
habría que llorar con lágrimas de sangre.

Tendría que escribir un largo verso
después de cada noche de tormenta.
Tendría que hablar con voz de trueno
para ensordecer al mundo con mi grito.

Tendría que tener la fuerza del relámpago
para iluminar en un segundo mil caminos.
Tendría que romper muchos espejos
para espantar todos tus fantasmas.

Tendría que quemar tantas de tus cartas
para incendiar todos tus recuerdos.
Tendría que pisar descalzo las brasas de tu rastro
y asfixiarme en el perfume de tu humo.

Tendría que olvidarte a mi lado
para volver a caminar sin sentir miedo.
En la impalpable dimensión de la tristeza
Habría que dar los pasos con palabras.


©Mario Bonilla, 1993

sábado, 3 de mayo de 2008

De siglos y milenios

Ocho años atrás, hice algunas cuentas para tratar de entender porqué habríamos de celebrar dos veces el cambio de milenio con tan sólo un año de diferencia:


Cerca de cuatrocientos años antes de nuestra era, el astrónomo babilonio Metón intentó medir el tiempo y descubrió que si utilizaba un período de diecinueve años, en el que asignaba trece meses a siete años y doce meses a los doce años restantes, se podían usar las fases de la luna, fácilmente visibles, como base para un calendario. Sin embargo, este calendario metónico, con sus ciclos de diecinueve años, resultó demasiado complicado como para ser utilizado cotidianamente.
Cerca de cuatro mil años atrás, los egipcios ya habían decidido escapar a las ataduras de un ciclo tan difícilmente divisible como el lunar y el solar, y basaron su calendario en un fenómeno mucho más predecible: el ritmo del Nilo. La puntual crecida anual de sus aguas determinaba los momentos más propicios para la siembra y la cosecha. Muy pronto, los egipcios se dieron cuenta de que un sistema de doce meses iguales de treinta días, al que se le agregaban cinco días para completar el año (días que después fueron llamados epagomenales, por no pertenecer a ningún mes), constituía un método práctico para medir el tiempo, con la función primordial de un calendario: ser capaz de unificar las actividades de una sociedad, lo que permitiría la cooperación entre los individuos para la realización de proyectos comunes.
El planeta tierra da una vuelta alrededor de su eje cada veintitrés horas, cincuenta y seis minutos y cuatro segundos. La aproximación a veinticuatro horas es una solución práctica, y a simple vista no parecería capaz de afectar la vida de una persona. De hecho, el calendario egipcio fue adoptado por los griegos, y sobrevivió muchos siglos, a pesar de su acumulada inexactitud. El año solar real es de 365 días, 5 horas, 48 minutos y 46 segundos.
El calendario romano antiguo, introducido por Rómulo unos setecientos años antes de Cristo, constaba de diez meses y comenzaba con el mes Martius, en honor al dios de la agricultura (después dios de la guerra), Marte. Septiembre debía su nombre a que era el séptimo mes; sólo después de casi 650 años, el astrónomo Sosígenes, por encargo de Julio César, se basó en el ciclo solar, en vez del lunar, para agregar los dos primeros meses del año y crear el calendario juliano, en el que se fundamenta el método actual de medir el tiempo en el mundo occidental.
El cristianismo dio origen a una serie de festividades cuyas fechas debían calcularse con precisión, para que su celebración tuviera una representación simbólica y conservara el poder de congregación que se espera de un evento universal, como lo debe ser la celebración de la Pascua, fiesta de resurrección que forma el pilar fundamental de dicha religión.
Una de las fechas cruciales para el cálculo del domingo de Pascua es el momento en el cual en nuestro planeta, el día y la noche tienen exactamente la misma duración (equinoccio), fenómeno que sucede sólo dos veces al año, marcando el inicio de la primavera y del otoño. La fecha oficial para el comienzo de la estación que representa la abundancia, debe ocurrir siempre el día 21 de marzo. La diferencia entre los calendarios egipcio y solar implicaba una acumulación de once minutos anuales: esto llevó a que, en el año 1582, la fecha para el equinoccio de primavera fuera el día 11 de marzo.
En ese mismo año, por un decreto papal, dictado por Gregorio XIII, con el que pretendía reajustar estas fechas, se ordenó que después del día 4 de octubre siguiera el día 15, con lo cual se restablecería el orden, para que al año siguiente el equinoccio de primavera volviera a ocurrir el día 21 de marzo. Para prevenir la reaparición de este error, se omitió el año bisiesto en los años que terminan en centenas, excepto si fuesen divisibles por 400 (es por esto que el año 2000 sí es bisiesto). Como era de esperarse, hubo reacciones diversas a este decreto papal. En el campo laboral, muchos empleadores se negaron a pagar una quincena completa, ¡pues el mismo Papa había eliminado diez días de trabajo! Dentro del cristianismo, algunos se negaron a aceptar la reforma, por el hecho de haberse originado en Roma; las colonias americanas de la Inglaterra protestante sólo se acogieron a estos cambios casi doscientos años después del decreto del Papa Gregorio XIII. Por este motivo, el nacimiento de George Washington, ocurrido el 11 de febrero de 1751, pasó a celebrarse el 22 de febrero de 1752.
El debate secular que hoy sigue siendo materia de discusión –y que se hace más candente cada vez que se aproxima un cambio de siglo, o en este caso, uno de milenio- se debió a un gran error de un pequeño hombre, cometido en el siglo VI. Dionisio el Bajo, (Dionysius Exiguus), un monje de baja estatura -de ahí su nombre-, a quien se le ordenó preparar una cronología para el Papa san Juan I, decidió comenzar la cuenta de nuestra era actual con la fecha de la fundación de Roma.
Según sus equivocados cálculos, el nacimiento de Cristo ocurrió en el año 753 A.U.C. (ab urbe condita -desde la fundación de la ciudad [Roma]). Ocho días después del supuesto nacimiento (¡el cual debió realmente ocurrir unos cuatro años antes de Cristo!), asignó la celebración de la Fiesta de la Circuncisión, que desde entonces coincidiría con nuestro Año Nuevo. Dionisio convirtió el 1º de enero del año 754 AUC en el año 1 A.D. (Anno Domini, o Año del Señor). Suponiendo que la fecha de nacimiento fuera correcta, a diferencia del resto de la humanidad, a ocho días de haber nacido, ¡Jesucristo ya tenía un año de vida!
No se cumple un año sino hasta después de doce meses de vida. La segunda década de la vida se inicia cuando se cumplen diez años. Sin embargo, al omitir el primer año de vida de Jesucristo, Dionisio nos obligó a que cada siglo, que corresponde a un período de cien años, y cada milenio, que a su vez representa un período de mil años, cambie entre los años terminados en 00 y los terminados en 01. A pesar de las preferencias estéticas o personales, como nunca existió un año cero, según estos cálculos, el año 1999 no es el último del siglo. El cambio de siglo -y de milenio- debe ocurrir cuando se completen cien y mil años respectivamente, es decir, el primer día del año 2001. A pesar del despliegue de fenómenos que sí ocurrirán con el cambio al año 2000, como el posible desastre de la informática conocido como el efecto A2K, algunos visionarios de la literatura y el cine prefirieron basar sus famosas obras -como 2001: Odisea del Espacio, convertida en clásico del séptimo arte por el recién fallecido genio cinematográfico Stanley Kubrick- ciñéndose al rigor matemático.
El manejo del tiempo a lo largo de los años puede resultar tan artificial como las cábalas relacionadas con el fin del mundo como lo conocemos, o como los anuncios fallidos de la llegada de una era apocalíptica y definitiva para todos. Aunque siempre parezca sensato hacer planes para una vida inmediata mejor, no es necesario invertir una gran cantidad de energía -predominantemente publicitaria- en celebraciones de fechas que no tienen fundamento ni significado universales.
¿O acaso se equivocarán miles de millones de chinos al celebrar su próximo año nuevo -el 4698, año del dragón- el próximo 5 de febrero?
¡Feliz Año 2000!

Corolario (2008):
El calendario chino consta de una serie de trece animales que se repiten cada vez que se acabe la lista. Así, el zodíaco chino no se basa en descripciones de la posición aparente del sol con relación a las estrellas que forman las que conocemos como constelaciones sino en las características que se supone describen a dichos animales. A partir de nuestro año 2000, los animales y las fechas en que se inicia cada año son los siguientes:

4698 dragón, febrero 5 de 2000
4699 culebra, enero 24 de 2001
4700 caballo, febrero 12 de 2002
4701 cordero, febrero 1o de 2003
4702 mono, enero 22 de 2004
4703 gallo, febrero 9 de 2005
4704 perro, enero 26 de 2006
4705 jabalí, febrero 18 de 2007
4706 rata, febrero 7 de 2008
4707 buey, febrero 26 de 2009
4708 tigre, febrero 10 de 2010
4709 conejo, febrero 3 de 2011
4710 dragón, enero 23 de 2012

La cuenta puede hacerse igual hacia atrás, de donde me resulta fácil calcular que mi año de nacimiento corresponde al año de la rata.

Corolario II
Las constelaciones se ajustaron a los doce meses, de manera tan arbitraria como las figuras que supuestamente representaban los asterismos, o figuras imaginarias que parecen conformar las estrellas en el cielo. Su interpretación varía entre las diferentes culturas. Si para los griegos y romanos una figura podía parecer un escorpión, para los maoríes el mismo grupo de estrellas parece un anzuelo. En general, las estrellas que conforman esos asterismos no están cerca unas de las otras, ni tienen otra relación entre sí, fuera de estar hechas de gases similares.
Para ajustar los doce meses, fue necesario eliminar a la constelación que representa a Ofiuco, a pesar de que el sol, en su curso aparente por la bóveda celeste, atraviesa el cuerpo de ese gigante. Al ajustar las constelaciones a doce períodos iguales, la teoría se contradice, pues hay constelaciones que ocupan un espacio aparente mucho mayor que otras en la bóveda celeste. Así, las trece constelaciones por las que el sol parece cruzar,tienen fechas que son proporcionales a su tamaño, y que podrían hacer estremecer a quienes descubran que estaban leyendo el pronóstico equivocado que le deparan los astros (quizá eso cambie su suerte, ahora que pueden corregir el error). Aquí están las fechas de las 13 constelaciones del zodíaco real, cuyos períodos siempre se traslapan. Consulte su astrólogo de cabecera en caso de que su fecha coincida con dos constelaciones, o si su signo resulta no estar en la lista de los elegidos.

Capricornio: enero 19 a febrero 18
Acuario: febrero 18 a marzo 13
Piscis: marzo 13 a abril 20
Aries: abril 20 a mayo 13
Tauro: mayo 13 a junio 21
Géminis: junio 21 a julio 20
Cáncer: julio 20 a agosto 11
Leo: agosto 11 a septiembre 18
Virgo: septiembre 18 a noviembre 1o
Libra: noviembre 1o a noviembre 22
Escorpión: noviembre 22 a diciembre 1o
Ofiuco: diciembre 1o a diciembre 19
Sagitario: diciembre 19 a enero 19

Corolario 3
Igual de artificial resulta el calendario de la patafísica, creada como un movimiento que algunos asimilan al surrealismo. La patafísica ha sido definida como la «Ciencia de las soluciones imaginarias que acuerda simbólicamente a los lineamientos las propiedades de los objetos descritos por su virtualidad». Se le llama así por estar después de lo que queda más allá de la física (la metafísica). Se le atribuye a Alfred Jarry la creación de un calendario propio, con meses de 28 días, excepto gidouille, de 29. Los meses del calendario patafísico son:
absolu
haha
as
sable
decervelage
gueules
pedale
clinamen
palotin
merdre
gidoulle
tatane
phalle

Una luz en la penumbra. Algunos apartes de la vida y obra de Wilhelm Conrad Röntgen.

El descubrimiento

El Instituto de Física de la Universidad de Wurzburgo funcionaba en un edificio de tres pisos sobre la amplia avenida Pleicher Ring, donde además tenían su residencia el profesor Wilhelm Conrad Röntgen y su esposa Anna Bertha Ludwig. En el tercer piso estaban las habitaciones del matrimonio Röntgen. Tenían un invernadero, lugar de descanso favorito de la Sra. Anna Bertha.
El profesor, Director del Instituto de Física y para ese entonces Rector de la Universidad de Wurzburgo, tenía la costumbre de trabajar solo en su laboratorio, que funcionaba en el primer piso, en la oficina 119A.
Era la tarde del viernes 8 de noviembre de 1895. Röntgen estudiaba las propiedades de los rayos catódicos, ya descritos por Philipp Lenard. Estos rayos invisibles eran capaces de producir luz al chocar con algunas sustancias, fenómeno conocido como fluorescencia. La luz emitida por el tubo de rayos catódicos interfería con sus observaciones, por lo que Röntgen decidió cubrir el tubo con trozos de cartón negro. Para verificar que el tubo había quedado adecuadamente recubierto, apagó las luces del laboratorio e hizo circular corriente por el tubo. Satisfecho con los resultados, se disponía a encender las luces cuando observó una tenue luz que provenía de una mesa cercana. Desconectó el tubo y lo volvió a conectar varias veces. Pudo darse cuenta que la luz era producida cada vez que activaba el tubo de rayos catódicos. Encendió un fósforo para ver el origen de esa extraña luz, y descubrió una placa recubierta de una sustancia fluorescente, la cianoplatinita o platinocianuro de bario (BaPt(CN)4 · 4H20), un compuesto amarillento preparado por el químico Leopold Gmelin, de Heidelberg.
En los laboratorios de la época, los científicos contaban con una gran variedad de equipos, artefactos, herramientas y sustancias, por lo que no era raro que hubiera placas fotográficas, bobinas y otros elementos disímiles en un mismo ambiente de trabajo. Aunque no es claro el origen de la cianoplatinita en el laboratorio de Röntgen, no parece haber tenido dificultades para obtenerla. Lenard, en cambio, nunca tuvo fácil acceso a esta sustancia fluorescente, pues su jefe, Heinrich Hertz, mantenía estos elementos bajo llave. Con dificultad, Lenard logró convencer al Sr. Wirtz, asistente del laboratorio, de que le prestara momentáneamente algunos de los frascos de la «colección de platinocianuros» de Hertz. Lenard escasamente podía observar su fluorescencia al acercarlos a su tubo de rayos catódicos, e inmediatamente tenía que cerrar los frascos y entregarlos, sin poder analizar a fondo este fenómeno.
Cuando es estimulada por rayos X, la cianoplatinita emite luz a una frecuencia de 485 a 565 nm, que es de un color amarillo verdoso. En condiciones de penumbra, los bastones de la retina responden con mayor sensibilidad a las frecuencias que se encuentran entre 470 y 555 nm. Por una magnífica coincidencia, la cianoplatinita con que Röntgen contaba resultó ser la sustancia perfecta para ser detectada en las condiciones de oscuridad en las que se encontraba su laboratorio, pues su emisión máxima, a 515 nm, está muy cercana a la sensibilidad máxima de la retina en la oscuridad, 510 nm. Es posible que la falta de acceso a la sustancia fluorescente más sensible a los rayos X haya sido uno de los principales factores que impidieron que Lenard se diera cuenta de la existencia de dichos rayos durante sus propios experimentos. Pero hay otra coincidencia magnífica, de gran relevancia para el descubrimiento: Röntgen era daltónico. Aunque no es posible predecir la manera en que el profesor veía, se sabe que para los daltónicos la luz en la frecuencia de 500 nm no es vista de color verde, sino neutra, es decir, como un destello blanco. Esto significa que Röntgen era la persona perfecta para estar en condiciones de penumbra, pues su discromatopsia lo hacía más sensible a la luz emitida por la mejor sustancia posible para tener en esas condiciones, el patinocianuro de Bario. Lo que siguió no fue una coincidencia sino un claro ejemplo de método científico. Röntgen repitió el experimento varias veces, con cambios en la distancia entre la lámina fluorescente y el tubo, y pudo verificar que siempre se reproducía la fluorescencia.
Sólo había una posibilidad: alguna clase de emanación proveniente del tubo producía efectos fluorescentes, a una distancia mucho mayor que la conocida para el caso de los rayos catódicos. Si esta emanación era capaz de atravesar una capa de cartón, Röntgen quiso saber si sería posible que penetrara a través de otras sustancias. Interpuso hojas de papel, libros encuadernados de cerca de mil páginas y bloques de madera de pino, obteniendo resultados similares. El plomo y el aluminio parecían detener por completo este efecto. Mientras sostenía algunos de estos objetos, detectó un fenómeno sorprendente, que lo hizo considerar si lo que realmente pasaba era que se estaba volviendo loco: su mano producía una sombra que se proyectaba sobre la lámina fluorescente, pero esta sombra era muy peculiar, pues dejaba ver las partes invisibles de su mano, es decir, sus huesos. Las partes visibles, como la piel y las uñas, no se observaban en la sombra.
Durante las siguientes 7 semanas se dedicó de lleno a su trabajo de investigación. Su esposa refirió que Wilhelm cenaba encerrado en el laboratorio, e incluso trasladó su habitación allí, donde tendría la oportunidad de probar al instante cualquier nueva idea que se le ocurriera, de día o de noche. Trabajó en secreto hasta estar seguro de la validez de sus observaciones, antes de presentarlas ante la comunidad científica. Una tarde, persuadió a su esposa a que le ayudara con uno de sus experimentos. El resultado, la primera radiografía de un ser humano, la mano de Anna Bertha Röntgen. Al ver la fotografía, Bertha difícilmente creyó que esa huesuda mano era la suya, y se estremeció al pensar que podía ver su esqueleto. No quiso volver a participar en los trabajos de su esposo, pues la experiencia le pareció como una vaga premonición de la muerte.
Para el profesor Röntgen, el registro fotográfico de los huesos de la mano de su esposa fue la confirmación de que no estaba alucinando. El profesor Röntgen utilizó varias placas fotográficas, con las que pudo obtener registros de diversos objetos fotografiados con esta nueva «luz», invisible al ojo humano y nunca antes registrada.
Luego de sus meticulosos experimentos, Röntgen se convenció de estar frente a un descubrimiento nuevo, y preparó un corto manuscrito titulado «Sobre un Nuevo Tipo de Rayos», que entregó al Secretario de la Sociedad Física y Médica de Wurzburgo, el 28 de diciembre de 1895.
Según la norma de esa Sociedad, antes de su publicación, se requería de la presentación oral de los trabajos. Dada la magnitud de su descubrimiento, Röntgen solicitó su publicación sin haberlo presentado previamente, pues no habría más reuniones de la Sociedad sino hasta el nuevo año. Este manuscrito histórico apareció en las últimas diez páginas del volumen de la Sociedad correspondiente a 1895, y recopila las extensas observaciones de Röntgen acerca de los «rayos X», denominados así por su naturaleza desconocida.

Divulgación de la noticia

Para acelerar la lectura crítica de su trabajo, el profesor envió copias de su artículo a algunos físicos reconocidos, muchos de los cuales eran sus amigos personales. Entre ellos, uno de sus condiscípulos, el profesor Franz Serafin Exner de Viena, quien, tras recibir el «paquete» de año nuevo, divulgó el descubrimiento entre algunos colegas, incluyendo al profesor Ernst Lecher de Praga. El padre de Lecher era entonces el editor del periódico local «Die Presse». Reconociendo el inmenso valor noticioso del descubrimiento, preparó de inmediato un artículo acerca del revolucionario descubrimiento del «profesor de Wurzburgo» para la edición de la mañana siguiente, la del 5 de enero de 1896. En esta edición se cometió un error al transcribir el nombre del descubridor, quien por ese día se llamó «Routgen». A propósito, el apellido del descubridor de los rayos X se escribe Röntgen. En español, lo correcto es que se conserve dicha grafía. La carencia de diéresis en el idioma inglés llevó a la transformación de la ö por el grafismo oe, Roentgen. Es un error transcribir al español el apellido alemán con la grafía inglesa. A pesar de su error tipográfico, el editor del periódico vienés fue lo suficientemente perceptivo como para escribir que

« ...biólogos y médicos, especialmente los cirujanos, se interesarán
en este nuevo Rayo, en la medida en que se pueden abrir nuevos
caminos con fines diagnósticos.»

La noticia fue copiada por otros periódicos europeos; El «Daily Telegraph» de Londres tenía un corresponsal en Austria, quien telegrafió la noticia a su periódico. A su vez, un corresponsal del «Sun» de Nueva York envió por cable la noticia a su diario. Gracias a la diferencia horaria, la noticia apareció a ambos lados del Océano Atlántico el mismo día: el 6 de enero de 1896.
Para el 7 de enero, la noticia se había diseminado a través de los periódicos del sindicato de «Associated Press», al que pertenecía el «Sun» de Nueva York. En el «St. Louis Dispatch» , el descubrimiento fue comparado con un fenómeno sobrenatural. Irónicamente, el periódico de Wurzburgo anunciaría el sensacional descubrimiento sólo hasta el 9 de enero. La noticia llegó a Colombia gracias a una carta que escribiera Don Ángel Cuervo, residente en París, a su hermano Rufino José Cuervo, en la que le informa de la «luz X... que transparenta el cuerpo.»
La carta, fechada el 25 de Enero de 1896, fue publicada en el diario Bogotano «La Época», el primero en difundir la noticia en nuestro medio. Algunos apartes de dicha carta (sic):

«...El lunes último oí dar cuenta en la Academia de Ciencias de un
descubrimiento pasmoso hecho en Alemania. Ví reproducida en un
negativo una mano abierta de tamaño natural, y al acercarme y verla
contra la luz observé que se descubrían los huesos. La luz X (equis),
como la llama el profesor Rœutgue, tiene tan misteriosa potencia que
hace penetrar la fotografía hasta los huesos, pasando por la carne como
por vidrio. Con esta luz se transparenta el cuerpo, y graduándola se
puede ir descubriendo lo que hay en el interior, de modo que el desarreglo
de los órganos, los tumores ó cualquier otro daño aparecen á la vista del
médico ó del cirujano para que sepan lo que tienen entre manos y no
receten ó corten a ciegas como en ocasiones acontece...
Saludes...Su amigo de corazón, A. Cuervo.»

En la primera semana después del anuncio de su descubrimiento, Röntgen recibió cerca de un millar de cartas. La exagerada reacción de la comunidad científica y del público en general llevó a la invasión de la privacidad de los esposos Röntgen, con robos de «recuerdos» del laboratorio del famoso profesor. Sin embargo, Röntgen mantuvo siempre su sobriedad y modestia, y, ante los intereses económicos manifestados por algunos empresarios hacia su descubrimiento, declaró que

«de acuerdo con la buena tradición de los profesores
de la universidad Alemana, soy de la opinión de que los
descubrimientos e inventos pertenecen a la humanidad
y no deben ser limitados por patentes, licencias o
contratos, ni deben ser controlados por grupos exclusivos.»

Al respecto, Tomás Edison comentó:

«El profesor es de esos científicos puros que estudian
por el placer de explorar los secretos de la naturaleza.»

El descubridor

Después de conocerse el descubrimiento, el público se interesó por el hombre detrás de la ciencia. Como el origen de la noticia fue la ciudad de Viena, se pensó que el profesor era de Austria. Muy pronto se presentaron datos biográficos más acertados, que calmaron las ansias de los curiosos.
Wilhelm Conrad Röntgen nació en Lennep, Alemania, el 27 de marzo de 1845. Fue hijo único de Friederich Conrad, artesano y mercader en textiles, y su prima hermana Charlotte Constance Frowein, que provenía de una familia holandesa reconocida en los círculos industriales. La casa natal de Röntgen fue restaurada y convertida en biblioteca, como parte de un museo en honor al descubridor de los rayos X. No es clara la dirección de su residencia original, pues hay quienes aseguran que la dirección correcta es el 187 (o 287) de la calle del correo (Poststrasse), aunque también se menciona el mercado de los gansos (Gaensemarkt 1) como la dirección correcta. Cerca de allí, en el 41 de Schwelmer Strasse, se encuentra el resto del Röntgen Museum de Lennep. Cuando Wilhelm cumplió 3 años, la familia se mudó a la siguiente dirección en Apeldoorn, Holanda: 171 Hoofdstaat.
A los 17 años, Röntgen se trasladó a la casa de la familia Gunning (No. 62 de Nieuwegracht) en Utrecht, para comenzar sus estudios en la Escuela Técnica. Esta escuela preparaba a sus estudiantes durante dos años para su ingreso a una escuela técnica superior. Siendo un estudiante promedio, se enfrentó a un problema disciplinario que casi le cuesta su carrera académica. Por no divulgar el nombre de un compañero que hizo una caricatura de uno de los profesores, Röntgen asumió la culpa y fue expulsado de la escuela. Como pudo aclararlo el alcalde de Lennep en un acto conmemorativo del centenario del descubrimiento de los rayos X, la caricatura no fue dibujada sobre el tablero del salón de clases, sino sobre la superficie de la estufa que se usaba como sistema de calefacción.
Friederich Conrad Röntgen tuvo que esforzarse para obtener el permiso para que a su hijo se le realizara un examen privado que le daría el diploma o «abitur», credencial requerida para ingresar a la universidad. Durante casi un año, Wilhelm se preparó para este examen, logrando en este tiempo la comprensión y reconocimiento de su instructor. Sin embargo, llegado el momento de la prueba, su examinador se enfermó y fue sustituído a última hora por un profesor que había tomado parte activa en la previa expulsión de Röntgen. El examen no fue aprobado, y sus padres aceptaron con resignación el hecho de que su hijo no se había logrado adaptar al sistema educativo Holandés. Afortunadamente, recibieron de un amigo la noticia de que la Escuela Politécnica de Zurich aceptaba estudiantes sin las credenciales habituales, siempre y cuando lograran pasar un difícil examen de admisión. De esta manera, Wilhelm comenzó sus clases en 1865, y recibió su diploma de Ingeniero Mecánico dos y medio años después. Irónicamente, en su formación, Röntgen recibió un solo curso en física, dictado por el profesor Rudolf Clausius, hoy reconocido como el padre de la Termodinámica.
De todos sus profesores, el que mayor influencia ejerció sobre el joven Röntgen fue August Kundt, un brillante físico que remplazó a Clausius en la Dirección de Física en la Escuela Politécnica. Después de graduarse, Röntgen permaneció en el laboratorio de Kundt. Luego de un año, presentó su tesis ante la Universidad de Zurich, y recibió su Doctorado en Filosofía en Junio 22 de 1869.
Durante su estadía en Zurich, Röntgen, que vivía en el número 7 de Seilergraben, frecuentaba el popular café estudiantil «Zum Grünen Glas», nombre que ha sido traducido como «El Vaso Verde». El café era atendido por su propietario, Johann Gottfried Ludwig. Wilhelm se enamoró de una de las meseras, seis años mayor que él. Era nada menos que la hija del dueño del local, Anna Bertha. Con ligera desaprobación por parte de los padres de Röntgen, Wilhelm y Bertha se casaron el siete de julio de 1872. De acuerdo a la usanza, antes de casarse, Anna Bertha tuvo que pasar una temporada con su suegra, quien le enseñaría a cocinar a su futura nuera.
Kundt se trasladó a la Universidad de Wurzburgo en Alemania, e invitó a Röntgen a convertirse en su asistente. Röntgen consiguió una casa en la Veitshchheimer Strasse. Sin embargo, dados sus antecedentes disciplinarios y su educación formal «inadecuada», Röntgen fue rechazado por esa universidad. Se trasladó, junto con Kundt, a la Universidad de Estrasburgo, en donde completó estudios en diversos campos de la física. A Estrasburgo también llegaron los padres de Röntgen. Sus publicaciones le dieron reconocimiento suficiente como para ser invitado como Profesor a la Universidad de Giessen, importante cargo que aceptó a los 34 años de edad. Fue precisamente en esa universidad donde Röntgen llevó a cabo el experimento que él mismo consideraría como su mayor aporte a la ciencia, incluso por encima del descubrimiento de los rayos X.
Según el fallecido Richard Feynman, uno de los más importantes físicos modernos, el mayor logro científico de la humanidad en el siglo XIX fue el desarrollo de la teoría electromagnética por James Clerk Maxwell. Este brillante modelo matemático, que fue elaborado en forma teórica y puramente intuitiva, fue puesto a prueba por el profesor Röntgen en el Laboratorio de Física de la Universidad de Giessen. Tras un arduo trabajo que le tomó tres años, Röntgen diseñó y construyó un aparato capaz de detectar las débiles corrientes electromagnéticas hasta entonces sólo teorizadas por Maxwell, y conocidas como «corrientes de desplazamiento», las mismas que más tarde Lorentz propondría bautizar como «corrientes de Röntgen.»
La complejidad de estos experimentos - y la modestia de Röntgen- explican que su magnitud sea reconocida sólo por unos pocos. Entre esos, Max Planck y Albert Einstein, quienes por estos experimentos postularon a Röntgen ante la Academia Prusiana de Ciencias en Berlín, como candidato para ser recibido como Miembro Correspondiente.
El 1o. de octubre de 1888, Röntgen aceptó el cargo de Director del nuevo Instituto de Física de la Universidad de Wurzburgo, la misma institución que años atrás lo había rechazado.
En 1894, fue nombrado Rector de la Universidad de Wurzburgo. En su discurso de posesión, citó al profesor Athanasius Kircher, uno de sus predecesores en la dirección del Departamento de Física, quien, más de dos siglos atrás había dicho:

«La naturaleza con frecuencia revela los más increíbles
fenómenos de la manera más simple, pero estos fenómenos
sólo pueden ser reconocidos por personas con juicio agudo y
espíritu investigativo, aquellos que han aprendido a obtener
información de la experiencia, maestra de todas las cosas.»

Röntgen no se imaginó que sus palabras, en menos de un año, se aplicarían a él mismo. Después del descubrimiento de los rayos X, recibió numerosas condecoraciones, entre las más destacadas la medalla de oro Rumford de la Real Sociedad de Londres, la medalla Elliot-Cresson del Instituto Franklin de Filadelfia y la medalla Barnard de la Universidad de Columbia, por recomendación de la Academia Americana de Ciencia.
En 1901, se convirtió en el primer galardonado con el premio Nobel de Física. Röntgen donó el dinero de este premio (50,000 coronas) para el apoyo de la investigación en la Universidad de Wurzburgo.
El Emperador Alemán le concedió la Orden del Mérito de la Corona Bávara, que conlleva no sólo la condecoración y el honor, sino el título de noble. Röntgen aceptó la condecoración pero declinó el estado de nobleza, y nunca utilizó el codiciado «von», considerado símbolo de alto nivel social.

El primer premio Nobel de Física

De acuerdo a las actas de la Academia de Ciencias de Suecia, reveladas casi 70 años después de la entrega de este primer premio, se nombró un Consejo de Miembros de la Academia para la selección de candidatos a este galardón. El Consejo recibía recomendaciones de un Comité Consultor Especial, formado por cinco prominentes físicos suecos, entre los que estaban Svante Arrhenius y Anders Ångström. Físicos de varias partes del mundo fueron invitados a sugerir candidatos. Entre éstos, el mismo Röntgen, quien postuló a Lord Kelvin.
Al final de este proceso, se contaba con 29 propuestas, doce de las cuales favorecían a Röntgen. Una era a favor de Lenard, y cinco recomendaban una división del premio Nobel entre ambos científicos. El comité Consultor sugirió esta última opción, pero en sesión plenaria de la Academia de Ciencias se rechazó esta recomendación, pues el mismo Nobel había sido muy específico en cuanto a que el premio debía entregarse sólo al científico más destacado del año. La decisión fue unánime en favor de Röntgen.

Enemistad con Lenard

Aunque Philipp Lenard inicialmente admiró y respetó a Röntgen, su enemistad se inició en 1901, año en que le otorgaron el Premio Nobel de Física a Röntgen, por su descubrimiento de los rayos X. Lenard se sintió defraudado y hasta traicionado por Röntgen, y se convirtió en su más acérrimo contendor. Röntgen y Lenard compartieron dos importantes premios otorgados en Viena y en París, y Röntgen reconoció la importancia de los trabajos de Lenard y Hertz en su conferencia de presentación de los rayos X.
En 1905, Lenard recibe su propio Premio Nobel por su trabajo con los rayos catódicos, pero esto no disminuyó su odio por Röntgen. Según Lenard,

«Röntgen fue la partera en el nacimiento del descubrimiento...
tuvo la fortuna de presentarlo primero, pero yo soy la madre
de los rayos X. Así como una partera no es responsable
del mecanismo del parto, Röntgen no es responsable
del descubrimiento de los rayos X, el cual simplemente cayó en su regazo.»

Lenard sostenía que cualquiera habría podido descubrir los rayos X después de conocer su trabajo con los rayos catódicos, pero nunca dio una clara explicación de porqué él mismo no los descubrió. Tampoco mencionó que su trabajo se basó en las investigaciones del profesor Hertz.
La más clara evidencia de esta enemistad se demostró durante la Alemania Nazi, en la que Lenard ocupaba un importante cargo en la jerarquía científica. Philipp Lenard completó su obra monumental de cuatro volúmenes acerca de la Física Alemana, en donde no se hace ninguna mención de Röntgen -ni de Einstein- en el texto, y cuyo prefacio es una larga diatriba en contra de los judíos. Muchos dedujeron de esto que Röntgen pertenecía a la raza judía. Cuando el radiólogo norteamericano Lewis Etter interrogó a Lenard al respecto, éste respondió:

«No era judío, pero era amigo de judíos y se comportaba como ellos.»

En el cincuagésimo aniversario del descubrimiento, la Sociedad Física Médica de Wurzburgo solicitó al ministerio Nazi de Correos y Telégrafos la emisión de una estampilla conmemorativa en honor a Röntgen. El ministro Ohensorg era físico, alumno de Lenard, y rechazó esta propuesta aludiendo que ese honor era reservado

«sólo para los ilustres.»

En 1900, por solicitud del gobierno Bávaro, Röntgen aceptó convertirse en Profesor de Física de la Universidad de Múnich y Director de su nuevo Instituto de Física.
En octubre de 1919, murió su querida esposa Anna Bertha, su compañera por casi 50 años. En su soledad, Röntgen leía las noticias más importantes del diario a un retrato de su fallecida esposa.
Se retiró de su posición como Profesor de Física de la Universidad de Múnich en 1920, pero tenía a su disposición dos laboratorios, en los que continuó haciendo investigaciones.
El 10 de febrero de 1923, Röntgen falleció en Múnich. De acuerdo a su voluntad, su cadáver fue cremado junto con su correspondencia personal y otros documentos. Sus restos se encuentran junto a los de su esposa y los de los padres de Röntgen en el Alten Friedhof de la ciudad de Giessen.
Todos los que trabajamos en radiología debemos nuestra actividad diaria al ingenio y perseverancia de un hombre, el profesor Wilhelm Conrad Röntgen. Vale la pena reflexionar si en nuestro trabajo nos esforzamos lo suficiente como para honrar su memoria.


Aníbal J. Morillo, MD
Miembro Activo, Sociedad Colombiana de Historia de la Medicina
Coordinador Académico
Departamento de Imágenes Diagnósticas
Hospital Universitario de la Fundación Santa Fe de Bogotá



Lecturas recomendadas

Dawson, P.: Röntgen’s other experiment. Br J Radiol 1997; 70: 809
Eisenberg, R.L.: Radiology. An Illustrated History. Mosby Year Book, St. Louis, 1992.
Esguerra Gómez, G. Los rayos X en letras de molde. Artículo reproducido en: Revista El Informador Médico, Edición especial «100 años de la Radiología». 1995; Año 9 No. 52: 12-17.
Farmelo, G.: El descubrimiento de los rayos X. Investigación y Ciencia 1996; enero: 64-70.
Friedman, M., Friedland, G.W.: Wilhelm Roentgen y el haz de rayos X. Cap.6. Los diez mayores descubrimientos de la medicina. Paidós Orígenes. Barcelona, 1999.
Glasser, O.: W. C. Roentgen and the discovery of the Roentgen rays. AJR 1995; 165: 1033-1040.
Linton, O.W.: News of X-Rays reaches America days after announcement of Roentgen’s discovery. AJR 1995; 165: 471-472.
Mould, R.F.: Invited review: Röntgen and the discovery of X-rays. BJR 1995; 68: 1145-1176.
Palmer, P.E.S.: The town where Roentgen was born. Radiology 1994; 193: 607-609.
Patton, D.D.: Insights on the radiologic centennial- a historical perspective. Roentgen and the “new light.” I. Roentgen and Lenard. Invest Radiol 1992; 27: 408-414.
Patton, D.D.: Insights on the radiologic centennial- a historical perspective. Roentgen and the “new light.” – Roentgens moment of discovery. Part 2: The first glimmer of the “new light”. Invest Radiol 1993; 28: 51-58.
Patton, D.D.: Insights on the radiologic centennial- a historical perspective. Roentgen and the “new light.” – Roentgens moment of discovery. Part 3: The genealogy of Roentgen’s barium platinocyanide screen. Invest Radiol 1993; 28: 954
Patton, D.D.: Roentgen’s moment of discovery: a time for panic. Radiology 1996; 198: 497-498.
Riesz, P.B. The life of Wilhelm Conrad Roentgen. AJR 1995; 165: 1533-1537.

lunes, 24 de marzo de 2008

Alzheimer, el vino, la anatomía, la cera del oído, Quevedo y la historia de la radiología.

Alois (Aloysius) Alzheimer nació el 14 de junio de 1864 en su casa (Ochsenfurter Strasse, 15 A) en la ciudad bávara de Marktbreit, un pequeño pueblo vinícola cercano a Wurzburgo, ciudad donde fueron descubiertos los rayos X. De Marktbreit se originan los llamados «vinos masculinos» de Franconia, característicamente envasados en las Bocksbeutel, botellas de aspecto circular. En Francia, de la también famosa región vinícola de donde provienen las botellas bordelesas, de tradicional configuración cilíndrica, la Universidad de Burdeos ha presentado un interesante estudio cientifico que sugiere que el consumo moderado de vino por parte de personas mayores de sesenta y cinco años puede ser un factor protector contra la demencia.
Alzheimer estudió en las facultades de medicina de Tubinga, Berlín y Wurzburgo (ciudad donde fueron descubiertos los rayos X). Su tesis doctoral versó sobre las glándulas productoras de cera en el oído. Alzheimer trabajó en el laboratorio del renombrado anatomista Rudolf Albert von Kölliker, quien años más tarde prestaría su mano para la primera demostración pública de los rayos X en la Sociedad Física Médica de Wurzburgo, ciudad donde fueron descubiertos los rayos X.
Alois Alzheimer Se trasladó a Frankfurt, donde desarrolló su interés en la neuropatología. Trabajó en el Städtische Irrenanstalt, el asilo mental de Frankfurt, dirigido por Emil Sioli, donde conoció a Franz Nissl. Una de las más grandes contribuciones de Alzheimer a la ciencia fue su obra enciclopédica sobre la corteza cerebral, cuyos seis tomos escribió con su amigo (y después padrino de matrimonio) Franz Nissl. Alois Alzheimer se casó con Cäcilia Simonnette Nathalie Geisenheimer, con quien tuvo tres hijos; ella era la viuda de un banquero millonario, quien fuera paciente de otro amigo de Alzheimer, el experto en sífilis Wilhelm Heinrich Erb. Con parte de la fortuna adquirida a través de su matrimonio, Alzheimer pudo financiar sus publicaciones.
Erb falleció de una bronconeumonía, que al parecer adquirió luego de haberse expuesto al frío de una noche en la que asistió a un concierto de la sinfonía No. 3 en mi bemol de Beethoven, «La Heroica».
El yerno de Alzheimer, Georg Stertz, llegó a ser jefe de Psiquiatría en Múnich. Sus alumnos recordaron siempre a Alzheimer por sus quevedos 1  o pince-nez (literalmente «pinza narices») y su infaltable cigarro.
En 1906, presentó la descripción clínica e histopatológica de la demencia que lleva su nombre, cuyos hallazgos microscópicos demostró en una mujer de 51 años que sufría de demencia, identificada como «Auguste D». Cuando la paciente falleció de una septicemia secundaria a úlceras de decúbito, Alzheimer ya se había trasladado a Múnich. El encargado de hacerle llegar a Alzheimer el cerebro de «Auguste D» para su estudio patológico fue precisamente su antiguo jefe, Emil Sioli.
Algunos de los más ilustres alumnos de Alzheimer fueron Hans-Gerhard Creutzfeldt, Alfons Jakob, Constantin von Economo, Ludwig Merzbacher y Gaetano Perusini, entre otros. En 1910, Perusini describió en Roma cuatro casos similares a la demencia descrita por Alzheimer; quizá con ánimo patriótico, en Italia siempre prefirieron la denominación «enfermedad de Alzheimer-Perusini», hoy en desuso.
En 1912, Alzheimer fue designado Director de Psiquiatría de la Universidad de Breslau (llamada Wroclaw en polaco, que en español se pronuncia algo así como «vorsua»). Durante su viaje en tren para asumir este cargo, sufrió un infarto miocárdico. Tres años después, el 19 de diciembre de 1915, en esa misma ciudad, luego de una endocarditis, sufrió de una falla cardiaca que le produjo la muerte.
Alois Alzheimer tuvo dos hermanos, Karl y Johanna. Aloysius era hijo de Eduard y su segunda esposa, Theresia. El padre de Alzheimer fue notario público.



1 Lentes circulares pequeños, con una pinza para sujetarlos a la nariz, con los que siempre fue retratado el escritor español Francisco de Quevedo y Villegas (1580- 1645).

Lecturas recomendadas

Beighton, P., Beighton, G.: The Man Behind the Syndrome. Spinger-Verlag, Berlin 1986.
Fuentes, P.: Enfermedad de Alzheimer: una nota histórica. Rev Chil Neuro-Psiquiat 2003; 41(Supl 2): 9-12
Dorozynski, A.: Wine may prevent dementia. (News). BMJ 1997; 314: 993.

Nota Histórica aceptada para su publicación en la Revista Colombiana de Radiología.

La cirugía gástrica y la música para cuerdas: una estrecha relación de virtuosismo y amistad.

El Dr. Christian Albert Theodor Billroth (1829-1894), famoso cirujano vienés, tuvo una muy clara inclinación musical. La abuela materna de Billroth participó como cantante en la primera ejecución pública de la ópera «Fidelio», de Beethoven, en Berlín. Además de ser un virtuoso intérprete del piano, violín y viola, el Dr. Billroth fue un afamado crítico musical. Billroth estableció un estrecho vínculo amistoso con el compositor Johannes Brahms. Como una muestra de su aprecio por el Dr. Billroth, Brahms le dedicó dos de sus cuartetos para cuerdas del Opus 51: el No. 1, en do menor, y el No 2, en la menor. El Dr. Billroth mantenía un retrato de su amigo Brahms sobre su escritorio. El músico era muy cuidadoso, casi obsesivo, con sus manuscritos. Un día descubrió que su amigo Billroth había recortado, de la partitura original, una de estas dedicatorias, para ponerla junto con el retrato de Brahms. Este descubrimiento enfureció al músico, y casi lo hace arrepentirse de su obsequio musical, pero su amistad con el cirujano perduró hasta el final de sus días. Los dos primeros cuartetos del Opus 51 fueron dedicados a Billroth un año antes de que el cirujano describiera las técnicas de cirugía de resección gástrica con derivación duodenal y yeyunal, intervenciones que hoy en día se siguen conociendo como las cirugías de Billroth I y Billroth II, respectivamente. Para los cirujanos con inclinación hacia la música «clásica», las dos piezas son conocidas con esos mismos nombres, los cuartetos «Billroth I y II», aunque esos nombres en su momento carecían del significado quirúrgico que hoy tienen.
El estreno público del cuarteto No. 2 en la menor (mal llamado Billroth II) de Johannes Brahms, estuvo a cargo del más importante grupo de cámara de Viena, el Cuarteto Hellmesberger, en noviembre de 1873. Sin embargo, la primera ejecución de esta pieza se hizo en una sesión privada por el Cuarteto Joachim. El también famoso grupo de cámara de Joseph Joachim, gran violinista y amigo cercano de Brahms (amistad que se vio comprometida cuando Brahms inició una relación sentimental con la mezzosoprano Amalie Weiss, quien fuera ex-esposa de Joseph Joachim), tuvo varias formaciones a lo largo de los años. Al confrontar fechas, es posible establecer que los primeros intérpretes de esta obra fueron: Joseph Joachim en el primer violín; Heinrich de Ahna en el segundo violín; Eduard Rappoli en la viola, y Wilhelm Müller en el chelo.
Esta sesión privada tuvo lugar en octubre de 1873, en la mansión ubicada en el número 20 de la calle Alser (Alserstraße) en Viena, precisamente la dirección de la casa del Dr. Theodor Billroth, escenario donde muchas otras obras fueron también ejecutadas por vez primera.

Lecturas recomendadas
Enciclopedia Vniversal Ilustrada Evropeo – Americana. Tomo 69. Espasa – Calpe, S.A. Madrid, 1929.

Salvat, J., Navarro, J. (eds): Enciclopedia Salvat de Los Grandes Compositores. Salvat S.A. de Ediciones, Pamplona, 1981.

Roses, D.F.: Brahms and Billroth. The Surgeon’s Library. Surg Gynecol Obstet 1986; 163: 385 – 398.

Schein, C.J. (Trad): Autobiographic sketch of himself by T.A. Billroth. Am J Surg 1978; 135: 696-699.

Sunderman, F.W.: Theodor Billroth as musician. Bull Med Lib Assoc. 1937; 25(4): 209-220.

Nota Histórica publicada en la Revista Colombiana de Radiología, vol 17. No. 4, Diciembre de 2006.

viernes, 29 de febrero de 2008

Dedicatoria

para Esperanza, septiembre 5 de 1994.


“Palpamos un redondel, vemos un montoncito de luz color de
madrugada, un cosquilleo nos alegra la boca, y mentimos que
esas tres cosas heterogéneas son una sola y que se llama naranja.”
-Jorge Luis Borges, en Palabrería para Versos.

Caminaba entre los pasillos de una librería, cuando me topé con una colección de ensayos que, treinta y cinco años después de ser escritos, eran considerados como hijos ilegítimos por su autor. Me enteré entonces que Borges llegó a negar públicamente la existencia de El Tamaño de Mi Esperanza, libro en el que encontré deliciosos y cítricos juegos de palabras.

Como estaba frente a la sección de diccionarios, pensé en palabras con las que me gusta jugar, y recordé noche, seda, arco, miel y piel. Tras acariciar tu pelo y recorrer mentalmente tu cara, pensé en pétalos y perlas, y en cómo inicias incendios con tus besos y sonrisas.

Pensé en el tamaño de mi esperanza, pequeña, cual instrumento de escribano, que se acomoda a mi mano diestra, pero a la vez tan grande que puedo entrar en ella. Desperté de esta divagación sosteniendo un grueso volumen en mi mano, y encontré que mi dedo índice señalaba la definición de tu nombre.

esperanza. Estado del ánimo en el cual se nos presenta como posible lo que deseamos.

Se acabó el exilio

-Mañana regresamos-, dijo con lágrimas a su amada. -Vamos de nuevo a la patria, a la tierra que nos vio nacer. Se acabó el exilio. Esta noche nos quedamos en el puerto, y te enseño todas las estrellas que no veremos desde nuestro hemisferio.
La última noche en esa tierra extraña estuvo despejada y sin luna. El mar era un ondulante reflejo índigo profundo, salpicado de las estrellas que quiso enseñarle, como si alguna vez fuera realmente necesario encontrar el norte buscando a la constelación de la Osa Mayor, o siguiendo a Pegaso y a Cassiopea. Le narró la historia de la hermosa princesa etíope cuya vanidad fue castigada por los dioses al obligarla a sentarse eternamente en una incómoda silla. También le mostró el dragón celeste que amenazaba con devorar a la bella Andrómeda, y le contó acerca de los demás héroes del firmamento.
Con una botella de vino acompañó el mitológico recorrido de las distantes luciérnagas zodiacales. Inventó constelaciones y le describió a los más valientes aventureros, sus luchas contra descomunales monstruos y malévolos gigantes. Le dijo que la brisa arrastraría sus palabras hacia el mar, que las olas se llevarían esas historias sobre sus espumeantes crestas.
-Tendríamos que ir a la playa en nuestro país, quizás volvamos a encontrar estas historias que hoy te invento. Con tu ayuda podría incluso escribirlas, ¿no crees? Alzó la botella y tomó una gran bocanada de vino. Dejó parte del trago en su boca, y saboreó su sutil amargura antes de besar a su amada.
Aquella noche septentrional nunca llegó a ser negra. El inquieto espejo azul profundo se transformó lentamente en púrpura, y el cielo poco a poco adquirió la claridad suficiente para opacar las estrellas en su luz naranja. El último destello visible antes de la aparición del sol fue el de la diosa Venus, ese lucero que con su brillo anunciaba la infalible llegada del cochero en llamas que cada día cruzaba el firmamento. Ahora el cielo parecía el reflejo del mar, y las nubes simulaban olas juguetonas que avanzaban hacia el nuevo día, quizás trayendo consigo historias narradas en la noche, desde lejanas playas.
Muy cerca del puerto donde se encontraban, descubrió una gaviota monópoda descansando sobre un poste enterrado en la arena, rodeado de mar. En ese momento abrió los ojos y apoyó dudosa su otra pata. Cuando la última ola rompía en la base del poste, dio un pequeño salto que la dejó flotando en el vacío, como una enorme pluma a merced del viento. Emitió un chillido con el que confirmó el inicio de un nuevo día. El poste quedó rodeado sólo de playa, las indecisas olas ya no alcanzaban a abrazarlo.
Contempló la botella que sostenía en su mano izquierda. En su envase verde, el siniestro líquido oscuro le recordó la sangre en la que recientemente se había bañado. Con los dientes arrancó el corcho y lo escupió en su mano. Tomó el último trago y de rodillas se inclinó hacia su amada. Le llenó su boca con un beso frío y salino, observó cómo un delgado hilo de vino recorrió su mejilla y se detuvo en el cuello blanco de su blusa. Le retiró el cabello dorado de la cara y puso la botella vacía a su lado. Se inclinó de nuevo y le besó los ojos y la frente. La primera gaviota emitió un segundo chillido, que fue seguido de los graznidos de la segunda, tercera y demás gaviotas, luego opacados por los bramidos de los buques. El cielo dejó atrás su oscuridad y se llenó de blancas pinceladas de algodón, que todavía le recordaban las eternas olas marinas.
Dos corpulentos marineros de brazos tatuados alzaron su equipaje, con la misma facilidad con que vio flotar a las aves. Al llegar a bordo, divisó a otra gaviota en el mismo poste, ahora abandonado por la marea. En su bolsillo, apretó el corcho cuando ésta dio un último salto al vacío. Desde los hombros de los cargueros, el ataúd flotó hasta cubierta. Justo antes de posarse en el suelo, pronunció su última frase en tierra extraña.
-Tengan cuidado -suspiró-, es nuestro último viaje juntos.

©Mario Bonilla, 1993.

El invierno fue implacable

Aunque vivo en esta franja de planeta
en donde no existen estaciones
se que descubrí la primavera
en su aroma de flores
la suave caricia del sol en su pelo

Me entregó el ardor del verano
con su mirada azul
y su sonrisa despejada
una estación de días hermosos
cuerpos amantes y sudorosos

como era de esperarse
hubo también días de lluvia
y nubes de melancolía
en el otoño sus ojos eran grises
su mirada triste y lejana

por fin llegó la estación fría
que me heló médula y alma
el invierno fue implacable
pues descubrí que a ella
ya no le gustan mis versos



©Mario Bonilla

Plagio

Yo no sé por qué los poetas
se entusiasman
con cosas tan pequeñas
como un pétalo
o peor aún
una minúscula gota
del tamaño de una lágrima
lágrima, al fin, hecha neblina.

Tampoco imagino cómo
de un blanco y lejano satélite
sale tanta inspiración
ni cómo se hace
para usar palabras tan gastadas
como flor, noche y estrella
o boca, piel y seda
sin sonar redundante

no sé nada de esto
no siento nada
al ver un amanecer
las sonrisas me resbalan
no me erizan las miradas
y a la luna
la prefiero nueva

no entiendo nada de esto
yo sólo copio
frases muy trilladas
plagio a los sensibles
a los tristes y acongojados
a los enamorados
a los que no duermen

plagio a los poetas
cuando te sueño
plagio a los ausentes
cuando te escribo
pues yo de este oficio
no entiendo nada.


©Mario Bonilla

miércoles, 20 de febrero de 2008

Eclíptica

Aunque los eclipses lunares son mucho más frecuentes que los solares, parece que cada vez que hay un eclipse el asunto se vuelve noticia. A los aficionados a la astronomía nos fascina encontrarnos con excusas para mirar al cielo, sin que sea necesario avistar objetos voladores no identificados para sorprendernos con las dimensiones del universo. Recuerden que viajamos alrededor del sol a unos 100,000 km/hr. Aunque la luna es muchas veces más pequeña que el sol, su distancia de nuestro planeta hace que su tamaño aparente sea casi idéntico al del sol, por lo cual es capaz de eclipsarlo por completo. La luna pasa con fecuencia por la sombra que deja la tierra al ser iluminada por el sol. Cada vez que esto ocurre, se forma un eclipse de luna, como el de esta noche. Si las condiciones lo permiten, no dejen de mirar al cielo para observar un espectáculo celeste gratuito. La luna puede tornarse de un color rojo o cobrizo, en un efecto que se explica por la difracción de la luz por la atmósfera terrestre. Si no tuviéramos atmósfera, la luna se vería completamente negra. Como la tenemos, los rayos que se acercan al espectro más azul de la luz se pierden en la atmósfera, y la luz que vemos reflejada sobre la luna es más rojiza. Las erupciones volcánicas pueden ayudar al efecto, pues el polvo que llega a la atmósfera produce diferentes efectos sobre la luna. En 1992 pude ver el resultado de la erupción del volcán Pinatubo sobre un eclipse total de luna, poéticamente llamado de "linterna japonesa", pues la contaminación atmosférica hizo que la luna se viera roja, como una de esas lámparas japonesas de papel que usan una vela para producir una tenue luz.
De nuevo, es gratis. Esta noche, a partir de las 8:43pm. Para más información científica, visite:
http://www.MrEclipse.com/Special/LEprimer.html

Y el aporte literario, para aprender a quitarle la fantasía a los eclipses, es del maestro del cuento breve, el hondureño Augusto Monterroso, para su disfrute:

El eclipse. Augusto Monterroso.
Cuando fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlo. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitiva. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado, con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora.
Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo.
Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas.
Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles. Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de aquel conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida.
-Si me matáis -les dijo- puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura.
Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén.
Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.

lunes, 18 de febrero de 2008

Busco una palabra

Busco una palabra
que aún no haya sido escrita
que no se encuentre
entre páginas clásicas

que no esté tallada
en la corteza de un árbol
ni en la banca del parque.
Que no aparezca traviesa
en una hoja de cuaderno.

Busco una palabra
que defina al calor
que evoque alegría
y me recuerde tu sonrisa.

Una palabra
parecida a la ternura
que tenga el color de la miel
y el mismo brillo de tus ojos

una palabra
con la que un poeta
nombraría a una estrella
una palabra tan fuerte
como un abrazo nuestro

sólo hay una palabra
dulce como una canción
sólo una que cuando pronuncio
me llena de emoción

esa palabra eres tú.



©Mario Bonilla, 1994.

miércoles, 16 de enero de 2008

Propósitos para un mejor año, siglo, milenio...

Desde hace una semana, se encuentra en las carteleras del Departamento una versión impresa a dos columnas del siguiente texto:

Ahora que comienza un nuevo año, comparto un viejo listado, escrito con ánimo motivador, que desenterré de mi archivo personal. Con la libertad que ofrece la autoría, lo he adaptado ligeramente a nuestra realidad. Pese a que ha transcurrido una década de haberlo concebido, creo que algunos de los puntos pueden seguir vigentes.

Aníbal J. Morillo, MD.
Coordinador Académico
Departamento de Imágenes Diagnósticas
Hospital Universitario de la Fundación Santa Fe de Bogotá
Bogotá, Colombia

Propósitos para un mejor año, siglo, milenio…
Modificado de El Tiempo de Relajación, Vol 5. No1. (Febrero de 1998).


No me olvidaré de cambiar mi dosímetro personal oportunamente.
Identificaré todas y cada una de las películas radiográficas que yo haga y verificaré que el nombre de mi paciente esté bien escrito en ellas.
Seré amable y comprensivo con quienes soliciten mi ayuda.
Daré indicaciones claras a los pacientes para su preparación.
No haré que mis pacientes firmen la hoja de consentimiento informado para un procedimiento invasivo cuando ya estén bajo los efectos del protocolo de sedación.
Colaboraré con los trabajos de investigación de mis compañeros.
Atenderé respetuosamente a quienes soliciten mi ayuda, sin importar su cargo, labor u oficio.
Me enorgulleceré por los logros del Departamento y los consideraré como propios.
Seré amable y comprensivo con mis compañeros de trabajo.
Archivaré adecuadamente todos los estudios.
Respetaré el pudor de mis pacientes.
Atenderé cordialmente las llamadas telefónicas.
Si tengo que entrar a una sala donde se realiza un examen o procedimiento, saludaré cordialmente al paciente que esté siendo atendido.
Respetaré el temor de mis pacientes.
No haré que mis pacientes desfilen semidesnudos por el Departamento.
No haré comentarios discriminativos.
Me interesaré por el trabajo de los demás.
Cuidaré los elementos de trabajo.
Me interesaré por el orden y la limpieza.
Dejaré cada cosa en su lugar.
Apagaré las luces y negatoscopios que no esté utilizando.
Cuidaré los libros y revistas del Departamento.
Escribiré con letra legible.
Seré claro y conciso en mis descripciones.
Cumpliré con mi horario de trabajo.
Refunfuñaré menos.
Reiré más.
Me acordaré de guardar las precauciones mínimas de bioseguridad, y usaré guantes para manipular elementos que hayan estado en contacto con secreciones.
Regañaré menos.
No regañaré en público.
Recordaré con más frecuencia que mis residentes esperan que yo les enseñe.
Recordaré con más frecuencia que mis docentes sí se preocupan por mi formación.
Usaré la radiación en forma racional.
Usaré los elementos de radioprotección en forma racional.
Seré menos irracional.
No usaré más del tiempo asignado para una conferencia.
Trataré de no dormir en las conferencias de mis compañeros.
Trataré de no dormir en las conferencias de mis docentes.
No llegaré tarde a las reuniones académicas.
Seré discreto con la información confidencial.
Reportaré oportunamente los incidentes adversos.
Me identificaré más con el Departamento.
Seré un ejemplo para los demás.
Seré más paciente.
Seré más amable.
Recordaré que la historia clínica es un documento legal, en el que no debo escribir en forma pasional.
Dejaré caer menos chasises.
Golpearé menos los equipos.
Tiraré menos puertas.
Mantendré cerradas las puertas de las salas de examen.
Mantendré cerradas las puertas de las oficinas cuando las deje vacías.
Estudiaré más.
No tildaré las palabras examen ni abdomen.
Revisaré las carteleras con más frecuencia.
Me encargaré de actualizar oportunamente los datos para localizarme cuando me encuentre de turno.
Atenderé los consejos de mis superiores.
Atenderé los conseos de mis subalternos.
Atenderé los consejos de mis pacientes.
Atenderé los consejos de mis compañeros.
Atenderé los consejos de mi jefe.
Pagaré a tiempo mis deudas.
Cuidaré más del archivo docente.
Dejaré el baño como me gustaría encontrarlo.
Gritaré menos.
Atenderé oportunamente los llamados que me hagan durante mi turno.
Maltrataré menos los chalecos de plomo, y los dejaré en su sitio cuando termine de usarlos.
Usaré un protector de tiroides cuando me encuentre expuesto a radiaciones ionizantes.
Gastaré menos agua.
Gastaré menos gel para ecografía.
Gastaré menos tiempo.
Mandaré a repetir menos estudios.
Haré mejor los estudios para que no me toque repetirlos.
Como los teléfonos están temporizados, no tendré que recordar el ser breve en mis llamadas.
Pelearé menos.
Seré menos “sapo”.
Pondré más atención a lo que hago.
Me importará más mi trabajo.
Tendré más cuidado.
Seré más eficiente.
Respetaré a los no fumadores.
Respetaré a los fumadores.
Respetaré los semáforos.
Caminaré más.
Fumaré menos.
Recordaré con más frecuencia que todos somos del mismo equipo.
No culparé a los demás por mis errores.
Etc…


Uno no lo ha perdido todo mientras esté descontento de sí mismo. E.M. Cioran